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Engia y su abuela ya han regresado a los campamentos del Sáhara.
Llegó sin poder andar, llena de incertidumbre… y hoy vuelve con esperanza.
Quizá no corra maratones, pero sí podrá vivir, jugar y soñar con una vida normal, con apenas limitaciones.
Nada de esto habría sido posible sin tantas manos tendidas. Gracias infinitas a todas las personas que lo han hecho posible y, de manera muy especial, al Hospital Sant Joan de Déu y al programa Cuidam, por su humanidad, su ternura y su compromiso.
Qué orgullo tan grande teneros en nuestro camino 💛✨
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